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lunes, 14 de septiembre de 2009

Once de Septiembre, ¿Se sabe toda la verdad?

Aún estaba estudiando en el pedagógico aquella mañana cuando las imágenes de las dos torres gemelas derrumbándose que me llegaban a través del televisor golpearon mi comprensión que hasta entonces tenía del mundo. No alcanzaba a comprender cómo era posible que la, hasta entonces, impenetrable USA; la invencible nación que se considera así misma dueña de los destinos de los demás del mundo, estaba siendo estremecida con un ataque terrorista. Se perdieron millones de dólares, es lo de menos ante lo más terrible: cientos de vidas perdidas por lo que se suponía una muestra de debilidad del servicio de inteligencia norteamericano y el fanatismo de un grupo terrorista que venía del otro lado del mundo.
Las diferencias entre nosotros los humanos, ya se trate de diferencias obvias, las observables por su carácter físico, y las diferencias que van más allá, hacia aspectos de pensamientos, de fe, en fin: de interpretación. Esas diferencias están y estarán siempre con nosotros, son parte de la variabilidad de la especie humana, de la singularidad de cada uno. Pero jamás las diferencias, por más profundas que sean, son causa justificada para acabar con el otro, con el que “no cree lo que yo creo”, con el que “no piensa lo que yo pienso”, con el “no se parece a mí”.
Han pasado ocho años, el recuerdo es doloroso, mucho más para aquellos que han perdido un ser querido en ese trágico suceso, recordemos que varios latinos trabajaban en esos edificios caídos. Últimamente, y cada vez con más fuerza, se ha estado hablando y escribiendo sobre todo sobre la horrorífica posibilidad de que el mismo gobierno norteamericano haya tenido intervención directa en el derrumbe de las torres. Se han hecho investigaciones al respecto, arquitectos e ingenieros dan sus apreciaciones y todas apuntan a que sería imposible que las dos torres hubiesen caído como cayeron solo con el impacto de los aviones. Algo oculta el gobierno, algo que de probarse sería monstruoso y atemorizador, ya que supondría estar ante un gobierno, un sistema para quien la vida humana vale nada, un gobierno genocida. La verdad, una vez más, no es plato de agrado de los poderosos.






Por Criz Vórtice.

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