El pasado lunes se conmemoró una fecha de suma importancia para todo latinoamericano, aquel 12 de Octubre cuando Colón arribó por primera vez a tierras americanas y con él toda una cultura, la occidental, decadente y medieval España. No es mi pretensión profundizar respecto al encuentro nada amoroso de la cultura americana y de la cultura invasora y de sus dolorosas hijas, no he de repetir lo que otros ya han dicho y con más conocimiento respecto al tema; lo que me llamó la atención es el cambio de denominación de lo que comúnmente se denominaba “Día de la raza, por “Día de los pueblos originarios y Diálogo intercultural”, denominación que considero de mayor acierto y respeto a todos nosotros que conformamos esta variopinta nación.
Si ya de por sí es difícil comunicarse entre los integrantes de una familia, de una misma cultura y filiación social, es decir entre los que comparten su experiencia vital en la misma cuadra, en el mismo barrio. Si dialogar es lo menos que hacemos ya que estamos tan acostumbrados a monologar, a escucharnos a nosotros mismos y a fingir que escuchamos. Si al interior de una misma cultura hay tantas otras microculturas que hablan diferentes lenguajes y manejan códigos disímiles. Entonces, el diálogo intercultural se vuelve casi una utopía, un ideal social que unifica los pueblos en función del desarrollo de los mismos. Diálogo intercultural, ¿cuánto hemos avanzado en cinco siglos de historia en mejorar el diálogo intercultural entre las decenas de culturas con sus respectivas lenguas e historias? ¿Hemos avanzado o talvez para desgracia y vergüenza nuestra hemos retrocedido? Cuando el hombre es dueño de la información y no hace nada con ella es reducido a un simple y corriente entre los millones, un olvidable. El saber puede llevarnos a ser más concientes de nuestra maldad que a veces se llama indeferencia.
Diálogo intercultural, pensar en ello me hace reconocerme como uno más a quien una frase en inglés le resulta más simpática que aprenderse a lo menos regularmente el quechua; un producto de los tiempos que vivimos. Y es que para dialogar con el que reconocemos como diferente a nosotros por aspectos tan intrascendentes como el color de la piel no solo es necesario palabras sino una actitud frente a la vida, una base de valores que sostengan a la persona por sobre sus prejuicios.
Es el diálogo intercultural, un verdadero diálogo entre nuestras culturas sin ánimo de considerar una cultura superior a las otras, sin cometer la insensatez de creernos mejores que los tantos miles de otros solo por que conocemos de Internet o porque usamos ropa occidental y zapatos que cubran nuestros pies. Es el diálogo intercultural horizontal y genuino el camino hacia la unidad tan necesaria para nuestro país. La verdad del asunto es que hay tanto por hacer, empezando, una vez más, por nosotros mismos.
Criz Vórtice
jueves, 15 de octubre de 2009
DIÁLOGO INTERCULTURAL, HAY TANTO QUE HACER
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